lunes, 23 de mayo de 2011

MAMES


Son una etnia maya que habita principalmente en el noreste de Guatemala  y en el sureste de México. El vocablo mame se deriva del quiché mam que significa padre, abuelo o ancestro. En Guatemala al igual que en Belice les llaman así a las deidades de la montaña que riegan los cultivos.
Se trata de uno de los pueblos indígenas contemporáneos menos estudiados por la historia y la antropología, en parte porque sus manifestaciones culturales se confunden con las del resto de la población mestiza rural de la zona, por lo que no han llamado la atención de los estudiosos de la cultura. Muchos de ellos han dejado de hablar el idioma mame como consecuencia de las violentas campañas de aculturación impulsadas durante la época postrevolucionaria, y sólo algunas ancianas continúan usando su traje tradicional de origen colonial. Sin embargo, a partir de los años setenta un amplio sector de los pobladores de la Sierra, que habían dejado de autoidentificarse como mames, reivindican sus raíces culturales en el marco de una política indigenista que reconoce y promueve la diversidad cultural.
[ Agricultura y ganadería ]
La producción tiene como fin primordial el consumo familiar. Cuando hay un excedente (sobre todo de papa y hortalizas) se comercializa en los mercados locales o de las afueras, como Huixtla o Frontera Comalapa.
En la parte alta de la Sierra cultivan maíz, papa, repollo, trigo. Si la superficie disponible no es de buena calidad o es exigua, es práctica común el alquiler de tierras para la siembra de maíz, en los municipios de Chicomuselo y Frontera Comalapa; municipios ubicados en la Depresión Central del estado.
Al pie de la montaña, en las vegas de los ríos, se produce, además de frijol y maíz, cebolla, rábano, lechuga y cacahuate (maní), productos éstos últimos destinados al comercio. Al no haber una diversificación de cultivos, se satura el mercado. Entre febrero y abril se consigue cebolla en los mercados de Huixtla, Motozintla y Frontera Comalapa a muy bajo precio. Además, se siembran las hortalizas en parcelas "robadas" al río.



domingo, 22 de mayo de 2011

AMUZGOS

 
Amuzgos de oaxaca
El amuzgo o amochco es un grupo étnico indígena que habita en los actuales estados de Oaxaca y Guerrero en México. También se denomina Amuzgo al idioma hablado por estos.
Se denominan, ya sea con el mismo nombre de su idioma, el amuzgo o con el propio y particular correspondiente con el pueblo o la región: por ejemplo, en San Pedro Amuzgos se auto-denominan Tzjon Non que se traduce como pueblo de hilados, hilo suave o mecha; en Santa María Ipalapa se auto-nombran Tzo'tyio que se vincula al Río Camarón.

ACTIVIDAD ECONÓMICA

Agricultura
El 80% del municipio cultiva ajonjolí, maíz, fríjol, chile, sandia, calabaza, jamaica, mango, nanche, ciruela, melón etc. para el autoconsumo regional únicamente la sandia se vende a Puebla, Acapulco y México.
Ganadería
Se practica la ganadería vacuna en un 15% además de ganado caprino, porcino y aves de corral.
Explotación Forestal
Ninguna, porque no cuenta con bosques abundantes, pues los existentes, se están conservando como biosfera generadora y conservadora de los mantos acuíferos.
Gastronomía
Es variada en productos, destacan principalmente el mole de gallina, tamales de pollo, de cerdo, tamales de elote, totopos, pinole, sopa de arroz, pozole de puerco, mole de guajolote, cecina de res, camarones en caldo, mojarras de río fritas, tamales de iguana, mole de iguana, chilate de res, chorizo de puerco en salsa roja y verde, huevos de gallina al gusto, paloma asada, conejo enchilado, tamales de calabaza y fríjol entre otros.



AMUZGOS DE GUERRERO

El maíz es el principal cultivo, aunque también se siembra jamaica (que se comercializa en los mercados local y nacional) y ajonjolí, del cual se impulsan iniciativas para mantenerlo como un cultivo comercial. El transporte es otra actividad redituable y en crecimiento, los transportistas se han consolidado a raíz de la construcción, en 1995, de la carretera que va de Ometepec a Xochistlahuaca y Tlacoachistlahuaca; aunque sólo un grupo reducido controla el transporte, pues se requiere cierto capital para comprarlo y una relación clientelar para obtener el permiso de circular.
Una fuente de ingresos significativa es la venta de objetos y productos alimenticios en la ciudad mestiza de Ometepec; entre ellos la naranja, el mamey, la caña, la jícama y el piloncillo, así como los huipiles y cohetes. La actividad artesanal sin duda se relaciona con el sistema del trabajo masculino; el hombre y padre de la casa se encarga de sembrar aunque, en determinadas épocas, la mujer también participa, sobre todo en la preparación de la tierra y la cosecha, actividades que se consideran ayuda o trabajo complementario.

La gastronomía amuzga incorpora en gran medida el maíz y los productos de origen local. Se elabora chocolate con el cacao que se siembra en la zona, éste se muele en el metate y se le agrega piloncillo; es de ingesta común y acompaña “el presente” que se da en las bodas.

seri

Pueblo seri


Seri es el nombre de una etnia que vive en el estado mexicano de Sonora. La palabra que designa a este pueblo es de origen desconocido, pero sus miembros se denominan a si mismos comcaac [koŋˈkɑːk]; singular: cmiique [ˈkw̃ĩːkːɛ]). La mayoría de los miembros del grupo son hablantes fluidos de la lengua seri, cmiique iitom. Su territorio tradicional incluye las islas Tiburón y San Esteban.


El territorio de los seris, en el estado de Sonora, comprende un área aproximada de 211.000 ha al nivel del mar, y está integrado por una parte continental y por la isla Tiburón, que se encuentra en el Golfo de California, frente a la costa central del estado.


Los seris habitan principalmente en las poblaciones de El Desemboque (Haxöl Iihom, N 29° 30' 13", W 112° 23' 43"), municipio de Pitiquito, y Punta Chueca (Socaaix, N 29° 0' 54", W 112° 9' 42"), municipio de Hermosillo, en la costa de Sonora. Siguiendo los ciclos de pesca, la localización de algunos individuos o familiar puede variar, en los campos pesqueros distribuidos a lo largo de 100 km de litoral.

Infraestructura

A través de un camino de terracería al sur, la población de Punta Chueca se comunica con el poblado de Bahía de Kino. Hacia el norte, una carretera une a Desemboque con la ciudad de Puerto Libertad. Cada poblado tiene instalaciones escolares para estudiantes de nivel preescolar, primario, y secundario.

Antecedentes

En la época prehispánica, el territorio de los seris se expandía entre las cadenas montañosas, el desierto de Encinas y el Golfo de California. Al Sur, el territorio llegaba hasta el río Yaqui, al Norte hasta el desierto de Altar, al Este llegaba hasta Horcasitas y al Oeste llegaba a ocupar islas cercanas como Tiburón, San Esteban, Patos y Alcatraz. Al ser un pueblo nómada, los seris recorrían un área que corresponde a los catorce municipios actuales de Sonora. Se cree que en esa época, el pueblo seri estaba organizado en seis bandas, divididas a su vez en clanes.[2] De manera cotidiana, no existían las figuras de jefe de clan ni de banda, los cuales eran nombrados únicamente en épocas extraordinarias como la guerra, o tiempos difíciles de escasa recolección, caza y pesca. Sólo era nombrado para cumplir tal función el individuo más capacitado. El papel de la mujer seri era encargarse de la recolección que garantizaba el sustento diario.


Los grupos reconocidos por los seris eran:
  • xiica hai iic coii ('los que viven hacia el viento'), grupo 1 que habitaban una zona (al norte de los otros grupos), que colindaba al norte de Puerto Lobos hasta Punta Tepopa al sur y al este era delimitada por el río San Ignacio, se les conocía también como tepocas" y "salineros.
  • xiica xnaai iic coii ('los que viven hacia el sur'), grupo 2 que habitaba la costa desde Bahía de Kino hasta el cerro Tetakawi en Guaymas. Se les conocía como tastioteños.
  • Tahejöc comcaac ('gente de la isla Tiburón'), grupo 3 que habitaba las costas norte, oriental y occidental de la isla Tiburón y la costa continental frente a ella, se les conocía como seri o tiburones, al norte de donde estaban los xiica xnaai iic coii.
  • heeno comcaac ('gente del desierto'), grupo 4 que habitaba el valle central de la isla Tiburón.
  • xnaamotat ('los que vieneron del sur'), grupo 5 que habitaba una franja pequeña entre los xiica hai iic coii y los Tahejöc comcaac. Este grupo es posible que hayan sido los upanguayma eran guerreros y se abrieron paso hacia el norte.
  • xiica Hast ano coii ('los que viven en la isla San Esteban'), grupo 6 que habitaba la isla San Esteban –llamada también Coftéecöl– y la costa sur de la isla Tiburón.
También se menciona como hipótesis no comprobada los Hant Ihíini comcáac ('la gente seri de Baja California'), o Hast Quita quihíizitam ('los que nacieron en Hast Quita' en Baja California).
Lengua

La lengua de los comcaac, cmiique iitom, es una lengua aislada, dado que no se ha mostrado con evidencia suficiente su relación genética a ninguna otra lengua.[]Actualmente la mayoría de la población es bilingüe a cierto nivel, aun

Salud


Es casi nulo el conocimiento que se tiene sobre la existencia de terapeutas y técnicas tradicionales entre los seris. Han poseído conocimientos sobre algunas plantas que utilizan (como la hierbabuena) para curar enfermedades.
Por otra parte, el proceso de sedentarización del grupo provocó cambios en su dieta y patrones de consumo, lo que ha generado diversos problemas de salud como diabetes. Ellos casi siempre se curan con plantas medicinales.

Vivienda


En los poblados, las casas son mayoritariamente de bloques de hormigón y techo de hormigón o amianto, aunque es posible todavía encontrar algunas viviendas de lámina de cartón. Por lo general constan de cocina, comedor, baño y uno o dos dormitorios. Este tipo de vivienda fue promovido y apoyado por el gobierno federal y estatal entre 1974 y 1984.
En los campos pesqueros todavía es posible encontrar casas tradicionales que son paravientos de hierbas acomodadas y otros materiales (tradicionalmente carapachos de caguama) encima de un armazón de ocotillo (Fouquieria splendens), doblados y amarrados, los cuales forman una especie de túnel. Sirven para una sola familia y son adecuados para una vida nómada. Este tipo de construcción se utiliza también en las fiestas tradicionales.

Artesanía

El trabajo artesanal consiste actualmente en el tallado en madera de palo fierro (Olneya tesota), el tejido de canastas de la planta haat (torote o sangrengrado, Jatropha cuneata)[5] y la elaboración de collares (principalmente de huesos y conchas). El tallado de palo fierro fue iniciado por José Astorga y empezó a evolucionar gracias las sugerencias de varios norteamericanos a quienes conocía.[6] En las últimas décadas los ingresos del trabajo con el palo fierro son cada vez menores por la competencia que hay de artistas no indígenas.
Las canastas se hacen principalmente en dos estilos: la corita, hasaj (que es la canasta más tradicional) y haat hanoohcö, que tiene forma de olla. La elaboración de las canastas es una actividad que se practica desde la época prehispánica. Su producción es muy laboriosa, ya que exige una gran inversión de tiempo que varía entre una semana, si es pequeña (20 cm), hasta uno o dos años si es muy grande (1.5 m), aunque nunca se dedica tiempo completo a la elaboración de estas obras de arte. Cuando se termina una de las canastas enormes, saptim o sapim, se hace una ceremonia especial. Las canastas más grandes ahora se encuentran en los museos.


Los collares, de variados y creativos diseños, se elaboran con caracoles, conchas, vértebras de víbora de cascabel y de pescado, semillas y, últimamente, también con chaquira. Es un trabajo artesanal que, al igual que los otros, ocupa un tiempo más o menos constante entre las mujeres.


Las muñecas seris han sido objetos famosos durante la historia. Demostrando una gran creatividad imaginativa, están realizadas sobre varios tipos de materiales, muchas veces sobre una base de hueso. Casi nunca tienen indicación de la cara o los ojos. Algunas de las muñecas actuales, más sofisticadas y generalmente hechas para turistas, tienen trajes completos del estilo que se considera vestimenta típica de la primera mitad del siglo XX. Para la mujer incluye una falda larga y una blusa con mangas largas y olanes.[]






paipai

Los paipai son un pueblo amerindio que vive en el norte del estado de Baja California, México. Están emparentados con otras tribus de origen yumano que también habitan en la región. Aunque anteriormente se dedicaban a la pesca del abulón, la reducción de sus territorios y la declaración del delta del río Colorado como reserva de la biósfera han puesto fin a esta actividad. En la actualidad, la mayor parte de los paipai que permanecen en su territorio tradicional se dedican a la ganadería y a la explotación de los productos naturales que brinda la tierra. Producen artesanías de ixtle y otras fibras que obtienen de las especies vegetales de la región. Las nuevas generaciones suelen ser renuentes al uso de su lengua materna, el idioma paipai.
Su numero de habitantes es alrededor de 400


trahumaras

Tarahumara


Tarahumara también es como se conoce en castellano a la lengua de este pueblo. 


La denominación "tarahumara" es la castellanización de la citada palabra rarámuri, que debe pronunciarse con una r suave al principio, inexistente en castellano. Cuando el jesuita español Juan Fonte redactó su informe anual en 1605 tras fundar Balleza para los tepehuanes, optó por escribir 'tarahumares' (al describir sus ataques contra los tepehuanes) en vez de 'rarahumares' (una versión rarámuri local), ya que en este último caso se deformaría la pronunciación original, sin r fuerte. Según el historiador Luis Alberto González Rodríguez, rarámuri etimológicamente significa "planta corredora" y en un sentido más amplio quiere decir 'los de los pies ligeros', haciendo alusión a la más antigua tradición de ellos: correr.

Demografía

Los tarahumaras ocupan una cuarta parte del territorio en el suroeste del estado de Chihuahua (65 mil km²) en una de las partes más altas de la Sierra Madre Occidental, conocida también como Sierra Tarahumara, la cual alcanza entre los 1,500 y 2,400 m sobre el nivel del mar.


Dentro de los cuatro grupos de indígenas que están asentados en la sierra, los tarahumaras suman alrededor de 50,000. El 90% de la población rarámuri se concentra principalmente en los municipios de Bocoyna, Urique, Guachochi, Batopilas, Carichí, Balleza, Guadalupe, Calvo y Nonoava.

Historia
Es posible que los antepasados de los indígenas tarahumaras hayan llegado de Asia, atravesando el estrecho de Bering, hace aproximadamente unos veinte mil años, pero los vestigios humanos más antiguos que se han encontrado en la sierra son las famosas puntas clovis (armas típicas de los cazadores de la megafauna del Pleistoceno) con una antigüedad de casi 15,000 años, lo que nos permite datar la presencia de los primeros pobladores de la Sierra Tarahumara.

La economía de los primeros grupos étnicos tarahumaras se basaba en la agricultura, la caza y la recolección. Cultivaban maíz, calabaza, chile y algodón. Cada grupo tenía su dialecto de la lengua tarahumara y sus gobernantes, quienes se encargaban de proteger el territorio contra las etnias vecinas y garantizar el orden interno de la tribu.
Eran belicosos y politeístas. Creían en la vida después de la muerte y en la existencia de seres benévolos y malévolos. Entre los benévolos consideraban al sol, la luna, el médico, las serpientes y las piedras, que provocaban las lluvias y controlaban los animales que cazaban. Entre los malévolos estaban los señores del inframundo que causaban la muerte y los desastres naturales. Sus rituales comunales eran parte esencial de su cultura. Adoraban el sol y la luna, celebraban victorias bélicas, la caza de animales y la cosecha agrícola.
No fue hasta 1606 cuando los misioneros jesuitas tuvieron el primer contacto con los indígenas de la sierra. Según las referencias históricas de la época colonial, la conquista y la evangelización inició con los “chínipas”, muy relacionados con los guarijíos, etnia considerada como la más fiera de la región en esos tiempos. Cuando llegaron permanentemente los religiosos a su pueblo en 1632, su presencia provocó un levantamiento entre los pueblos indígenas, quienes estaban descontentos con la labor evangelizadora. Esta protesta la comandó el jefe “Combameai”. La primera revuelta terminó con la muerte de dos religiosos, lo que originó una fuerte represión por parte del gobierno de la Nueva España. Fue entonces cuando muchos guarijíos huyeron y se internaron en las barrancas de lo que hoy es el estado de Chihuahua.
Encima de eso, fue en los siglos XVII y XVIII cuando diversos grupos de agricultores y comerciantes novohispanos invadieron esta región despojando de gran parte de la tierra a los indígenas, intercambiándoselas por productos como jabón, sal, mantas y otras baratijas; algunos indígenas fueron obligados a trabajar con ellos como peones pagándoles muy poco. En cambio, otros emigraron hacia las partes más recónditas de la sierra para protegerse y evadir el trabajo forzado en haciendas y minas.
Es ahí en lo más abrupto de la sierra donde se asentaron las misiones jesuitas que, sin mucha controversia, muchas veces sirvieron de refugio a los abusos cometidos contra los indígenas. La expulsión de la orden de los confines del Imperio español significó un retorno de los tarahumaras a la vida seminómada que llevaban. Por otra parte este acontecimiento les dejó completamente aislados en los altos de la Sierra. Eso les ayudó a conservar su cultura y a desarrollar un singular sincretismo religioso que todavía existe y es único en México por su mezcla de catolicismo y chamanismo.
En el año de 1856, mediante la ley de la desamortización de los bienes eclesiásticos, los mestizos de la zona ocuparon las tierras pertenecientes a los pueblos de misión habitadas por tarahumaras, quienes se vieron obligados a abandonarlas. Pero no sería hasta 1876 que se rebelarían, cuando fueron obligados a partir de las pocas tierras que les quedaban, pero esta vez serían respaldados por el gobierno del estado que abogó por ellos. Se registraron otros dos levantamientos: uno en Agua amarilla en 1895 y otro en Chinatú en 1898.

Sociedad

El inhóspito medio donde habitan los tarahumaras impone la existencia de familias pequeñas -sus parcelas difícilmente pueden mantener a más de cuatro o cinco miembros de la familia, en la que el “imberbe”, a los 14 años de edad, es considerado ya un adulto por el resto del grupo-. Así, el hogar tarahumara -la unidad más persistente y definida en su vida-, responde a las modalidades originales de su psicología y, al asegurar las bases económicas del matrimonio, cumple con una vital función social, impidiendo uniones permanentes entre tarados físicos o mentales, o entre faltos de carácter o de sentido de responsabilidad.
Estructura familiar

El padre utiliza un término diferente para referirse a su hijo (Nolá) y su hija (Malá), pero la madre emplea un mismo nombre para todos sus hijos (Dánala). Por su parte, aunque tanto los hijos como las hijas tienen un término diferente para designar al padre, ambos usan el mismo para la madre. (Bennett y Zing)
A los hijos nunca les regañan, y desde muy pequeños les dejan la responsabilidad del cuidado de algunos animales o tierras y sobre todo de decidir por ellos mismos.
La joven tarahumara nunca expone su cuerpo después de los 6 años de edad; aun casada, no se quita la ropa frente al marido e incluso hace el amor vestida. La reserva frente a las experiencias sexuales se rompe en las “tesgüinadas”, donde el joven puede entablar comunicación y contacto con la chica y es una forma aceptada de iniciación libre.
En la vejez, el tarahumara vive en una casa separada, a donde sus hijos le llevan presentes de comida y ropa; cuando muere, se le incinera en alguna cueva o en un cementerio (si es que está bautizado) y se hacen complicadas ceremonias para que su alma viaje sin tropiezo.
En la filosofía rarámuri es primordial el respeto a la persona, por lo que los visitantes o turistas deberán también ser respetuosos con ellos y sus tradiciones, como ellos lo son con toda la gente. Valoran más a las personas que a las cosas.
Los habitantes, mestizos e indígenas de la comunidad tarahumara conviven en un medio social que no favorece a los rarámuri, debido al despojo de casas y hogares amenazados. Esta situación adquiere dimensiones adicionales por la carencia de una adecuada infraestructura para los servicios de salud y educación, en la proliferación de enfermedades y desnutrición infantil, en las muy limitadas alternativas para fortalecer la economía doméstica, en la escasa disponibilidad de electricidad, agua potable, y vías de comunicación, que se agravan con frecuencia por el impacto de los caprichos del clima y las prolongadas sequías.

Sus chozas de troncos de árbol, trabadas horizontalmente, salpican las laderas de las montañas a los lados de los arroyos y en las altas mesetas. La parte superior se deja abierta en un lado para que salga el humo del fuego que constantemente arde en la pieza de piso de tierra aplanada. El techo es de tabletas o de troncos acanalados. En sus habitaciones, las mismas desde tiempos precolombinos, no se acostumbran las sillas, las mesas o las camas.
Estilo de vida Tarahumara
Perduran los utensilios de sus abuelos como metates, jícaras, molcajetes, vasijas de barro y bateas. Algunos duermen sobre tarimas o sobre un cuero de chivo en el suelo. No pocos viven en cuevas; las tapias de piedra los guarecen mejor de los vientos y de las lluvias e impiden la entrada a los animales. En las barrancas predominaban las construcciones de piedra y lodo por la escasez de madera. Los hogares, por familia, consisten de dos habitaciones generalmente pero a veces la cocina es también comedor, recamara y sala. La única puerta la abren en el centro del muro.
Generalmente, los tarahumaras tienen carencia de servicios de salubridad y por su mala alimentación los agobian las enfermedades, entre ellas: dispepsias, enteritis agudas, congestiones alcohólicas, cirrosis de hígado, pulmonía, tosferina, tuberculosis pulmonar y sarna.